Pensamientos de una clase de judo

Hoy ha sido un día duro en el trabajo. Hay una reunión con los otros “project partners” y estamos todos acelerados. Necesito una clase de judo.

Llego a casa a las 5 y me pongo a merendar. Algo de piña natural enlatada para que no se me suban los gemelos (dicen que es como el plátano y como no puedo tomarlo…) y la última rebanada de pan que se dejaron Isa y Tete con la Nuttela que me regaló Raquel.

Vamos en bici, que se llega antes y hace mucho frío. Cojo las cosas, las luces de la bici, importante, que si no te pueden multar. Vamos abajo, quito el candado a la bici, Scheise, se me han olvidado los guantes, pero ya no me da tiempo si no quiero llegar tarde, da igual. Sigo mi camino, me adelantan un par de coches. Está empezando a llover.

Llego al gimnasio, dejo la bici, le pongo el candado y quito las luces. Entro. El ambiente está un poco revolucionado. Paso al vestuario y me cambio. Salgo. Está terminando la clase anterior. Los niños le piden folios al profesor, y van corriendo a uno que está hablando con mucha gente. Debe ser importante, porque se pone a firmarles autógrafos. Me da la espalda, veo el nombre en la camiseta. Me lo apunto en el móvil, se llama D. Pfeiffer. Se debe pronunciar algo así como Pffaiffa. Luego en casa miro en internet a ver quién es.

Empieza la clase de judo. El profesor se pone a hablar como todos los días. Entiendo alguna palabra suelta. Sí, ese tio es importante, le dan a elegir el calentamiento. Dice spielen. Todos se rien, yo voy con retraso. Ahora lo he entendido. Comienzan a numerarse, ein, zwei, ein, zwei, ein, zwei… me llega el turno. Digo “zwai”. Siguen numerándose.

El profesor vuelve a decir algo. Los zwei’s se quedan donde el saludo y cogen un banco, los ein’s se van al otro lado del campo. El profesor vuelve a hablar. No entiendo nada, excepto “sitzen”. Todos se sientan. Algunos se quejan. Vale, vamos a jugar al fútbol sentados.

Empezamos a jugar con una bola. Le doy una patada. Pesa como 5 kilos. Es un poco aburrido. Muchas peleas, y mucha gente parada. Nos meten un gol. Hacemos 5 flexiones. El profesor saca otra bola. Parece que ahora si va a ser divertido. Nos meten otro gol. Y otro. Y otro. No metemos ni uno. Se nota que tienen a los más grandes. Nos meten otro gol.

Media hora después, o 15 minutos, no se, el profesor dice que solo queda 1 minuto. Es fácil de entender, lo dice todo el rato. “Letzte Minute”. Vale, ya terminamos.

Colocamos las colchonetas-porterías. El profesor vuelve a hablar. Randori suelo. Parece que empezamos fuerte. Dice algo así como que hoy solo randori, o eso es lo que yo entiendo. Dos randoris, otros dos. Empiezan a dolerme los antebrazos. Será del fútbol suelo.

Cambiamos de ejercicio. El profesor vuelve a hablar. Dice algo así como que “defensive”. Vale, es kakarigeiko. Usan poco los nombre japoneses. Solo cuando se dirigen a mí. 2 combates.

Descanso, la gente va a beber agua. Yo también. Seguimos. El profesor vuelve a hablar. Randori, 5 minutos descanso de 1 minuto. 4 veces. 2 bloques. Hoy muero.

Pierdo la cuenta de los combates que llevo. Me duelen más los antebrazos. La piel me tira. Hay que relajarlos. Otro combate, este con una chica, otro más, este pesa menos que yo; otro, este pesa mínimo 1000 kilos. Hay que moverse. Vale, este es de mi peso. ¿Qué lleva en su chaqueta? “Bundesliga”. Vale, jodidos vamos.

Siguen los combates. Miro el reloj. Queda media hora. Otro combate. Ya queda menos. Me hago daño en el hombro de una mala caída. No es nada, pero descanso uno. Viene un chico a ver si quiero hacer. Le digo que el siguiente. Otro compañero le dice que me hable en español. Le llama culo gordo, en perfecto español. Yo me río. Me levanto, voy a beber agua y a prepararme.

Termina el combate, salgo, pero el profesor vuelve a hablar. Parece que hemos terminado. Le digo “sogi” (Sorry). Lo usan mucho.

Saludamos. Sale un tío vestido de calle. Se pone a hablar. Debe estar hablando sobre Pfeiffer, aunque también habla sobre otro chico que ha tenido buenos resultados. Aplausos. Les dan algo, parece un DVD, y un sobre cerrado.

Nos vamos al vestuario. Esto es privado….

Salgo del vestuario. Me pongo mi chaqueta. Está empezando a nevar. No hace tanto frío como antes. Mi sillín tiene nieve. La quito con la mano. Mierda, los guantes. O aprendo a montar en bici sin manos, como hace la gente aquí, o no se me pueden olvidar los guantes.

Llego a casa. Dejo la bici. Quito las luces. Subo a casa y enciendo el ordenador. Bebo agua. Tengo sed, han sido dos horas de entrenamiento. Abro internet. Empiezo a escribir…

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